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10 jun 2011

Calle Nazarre entre la esquina del beso y el beso.

Era un Sábado, soleado como los que me gustan, cálidos como la Primavera, ventosos como el Otoño, allí estaba parado en una esquina, más precisamente en la esquina de la calle Nazarre, con un abrigo un tanto corto y mi camisa favorita de color azul llena de cuadrados, parecidos a una tabla de ajedrez como con la que juega mi abuelo debes en cuando.
A mis espaldas había una especie de almacén, supermercado o como quieran llamarle, por el cual entraba y salía gente como si fuese no sé un supuesto fin del mundo, puesto que se llevaban MUCHAS COSAS en un modo muy desesperado, por otra parte dos chicas estaban a mi izquierda al lado de un árbol preguntándose que hacía yo ahí, por qué me encontraba en esa esquina y por qué no decidía cruzar la calle como cada persona hacía.
De repente mi celular comienza a vibrar, lo saco de mi jean el cual se encontraba bastante gastado, a tal punto que parecía que lo habían agarrado con tijeras, cuchillos y objetos filosos, cortándolo y "Arruinandolo" a tal punto que hasta hacía que se viera muy bien, a pesar de todo.
Era ella, justamente andaba esperando una respuesta, me encontraba solo aún en esa esquina con la aguja de mi reloj casi apuntando a las 12:00 del medio día y yo aún sin saber nada de Ella, por suerte contesté la llamada de una manera muy impulsiva e inmediatamente y de forma muy exclamadora dije: Hola!. ¿Dónde estás?. Hace rato que te estoy buscando!
ELLA: - No sé exactamente donde estoy, estoy... há! pará ya te ví!. - dijo en un tono bien alegre -
- La llamada se cortó -.
Comencé a mirar hacia todos lados, como un halcón buscando a su presa desde piedras similares a las del Gran Cañón. La vi, ahí estaba apunto de cruzar la calle, y yo con una sonrisa que envolvía mi rostro de punta a punta.
No sé como pasó exactamente, pero en un determinado momento, miré hacia adelante y la vi y yo tan feliz, que no sé no podía explicar lo que sentía, era una extraña sensación de nervios y alegría la cual hacían volver a mi estomago bien loco.
Me mira, la miro, se acerca rápidamente, me toma de la cara y me besa, impulsándome hacia atrás, pero al mismo tiempo llenándome de sus amorosos sentidos, siento el calor de sus manos, de las yemas de sus dedos, la abracé, me abrazó, y un Te Amo quedó entremetido en la calle Nazarre entre la esquina del beso y el beso...