Un suspiro invadió el lugar donde me encontraba, en mi colegio, mas precisamente en mi curso, y yo como siempre pensando en que haría por la tarde, o cosas por el estilo, como suelo pensar día a día mientras copiaba una aburrida cantidad de frases bien filósoficas, de esas que tengo que leer o escuchar un Martes por la mañana.
De repente, levanté la vista, miré hacia el pizarrón, y lo ví ahí, parado, con seriedad en su rostro, como queriendo decir: "Ya estoy de regreso", y yo con el corazón bien endurecido, detenido por mili segundos tal vez, y con una gota de transpiración que caía al costado de mi rostro, exclamé: "No puede ser!".
Se escuchó un murmullo, que provenía del fondo de este lugar donde me encontraba, como si fuesen ratas buscando algo importante o simplemente como viejas chusmas de la otra cuadra.
ÉL caminó, se dirigió hacia la profesora, saludándola con una especie de abrazo, como de costumbre, y ella diciendo: "¿Cómo le va niñito?
- Exclamando en un tono bien molesto y fuerte -.Él asentando la cabeza, indicó que todo estaba en buenas condiciones.
Luego de eso saludo al resto de las personas que estaban presentes, no se si estaban todas las que pienso, solo se que había gente a mi alrededor hablando de las cosas del día de ayer por la tarde, del próximo cumpleaños de alguien de por ahí, o tal vez de alguna salida típica de
Viernes por
LA NOCHE.
Una vez finalizado el saludo a cada persona, me pasó por al lado a mi y a mis amigos, como si nada estuviese pasando, como si fuésemos fantasmas, buscando la solución a un problema próximo, o al menos daba la sensación que me había evaporado rápidamente como gota de lluvia en un clima bien cálido de verano.
Nuevamente suspiré, como intentado indicar que todo estaba bien, y que no tenía de que preocuparme exactamente, pero no era así, el retrocedió antes de terminar de pasarme y dijo:
"No creas que no se lo que hiciste, sé que tenés la culpa de varias cosas que me pasaron, vos y solo vos van a pagar por esto, y si te tengo que ver muerto te veré, al fin y al cabo vos GAYOSO, vas a terminar BIEN MUERTO si así tiene que ser".
Una risa bastante aterradora, o desafiadora se escuchó luego de lo dicho, y un
"¿Qué hice para merecer esto?, pasó por mi mente como pájaro cantor por la mañana, ya que un día nuevo estaba a punto de resucitar.