18 feb. 2017

Se me cayó una lágrima.

~ El siguiente escrito no tiene el objetivo de querer dar lastima, que sientan pena por quien escribe o cualquier cosa que se le parezca. Lo que leerán a continuación tiene como única finalidad la reflexión, de eso se trata este espacio, de pensar y reflexionar. Espero sea de su agrado. ~


No todo el mundo que me conoce sabe esto de mi. Siempre fue algo que me acompaño, casi desde que tengo memoria. Estoy hablando de la pequeña, pero a veces importante, falta de fuerza en mi brazo derecho. Para que todos entiendan un poco más, nací con una "monoparesia" leve del lado derecho del cuerpo, aunque algunos médicos prefieren llamarlo de "hemiparesia" (mitad del cuerpo paralizado, ya sea lado izquierdo o derecho). Este tema, si bien fue leve, me afectó bastante psíquicamente hablando, ya que siempre ayudó a que fuera un tipo con baja autoestima. Y nada es porque sí... todavía, habiendo pasado como 15 años, puedo recordar las vocecitas de algunos compañeros de la primaria riéndose por no poder estirar mi brazo correctamente, por tener movimientos brutos o poco normales con mi mano derecha, por no ser lo que el colegio esperaba de un nene de 6 años. Escuché todo tipo de burlas y cargadas, me imitaban, creían que llevaba el brazo así (como doblado, sin estirar demasiado) por una supuesta homosexualidad (que NADA tiene que ver, pero que son claras cargadas de la infancia/adolescencia). Además, tengamos en cuenta que toda mi vida fui a un colegio de rugbiers, dónde siempre era más capo o piola quien mejor jugaba dicho deporte o quien más machito era). Claro está que por mi problema en el brazo, eso me dificultaba un poco a la hora de hacer educación física. Podía hacer absolutamente todo; desde saltar y correr hasta nadar y jugar al fútbol. Sin embargo, si me dificultaba un poco para jugar deportes como handball o vóley. También recuerdo que, ya en plena adolescencia, las burlas no eran tan frecuentes, pero sí mi frustración por no poder jugar como quisiera, como lo hacía el resto. Lloré mucho, tanto por dentro como por fuera. Incluso, ahora que me encuentro escribiendo y haciendo el esfuerzo de recordar, también lloro.
Los años pasaron, egresé del colegio, comencé a estudiar Comunicación Social en la universidad y entré en un mundo mucho más serio y maduro. Desde hace años, el problema que me acompaña de nacimiento dejó de ser realmente un problema. Si, es algo que a veces jode, que está ahí, pero que no me impide vivir. Y, al entrar en este nuevo mundo más "serio y maduro", creí que las referencias y preguntas con respecto a ese problema terminarían. (Aclaro que durante la infancia y adolescencia hice mucha terapia ocupacional y eso me ayudo a que hoy casi ni se note mi monoparesia).
Como iba diciendo, al empezar la facultad creí que las referencias a ese problema se habían terminado, pero no fue así. Con aproximadamente 19 años sobre la espalda, empecé a tener citas y salidas como le ocurre a todo el mundo. Solo una vez tuve un problema con una persona (desde ahora la llamaremos "X", para no comprometerla) que no estuvo dispuesta a seguir conociéndome porque le incomodaba lo que me ocurría en el brazo. ¿Creen que lloré por eso? No, realmente no pude hacer otra cosa más que reír irónicamente y esperar algo mejor para mi.
Pasaron los años, algunas personas de por medio, pero con casi ninguna hablé del asunto, ya que nadie (creo) lo notaba. El tiempo siguió pasando, hasta que conocí a alguien que estudia medicina y me pareció interesante comentarle lo que me ocurría. En ese momento, me sentí nervioso y con mucho miedo porque pensé que se iba a alejar, así como "X" lo había hecho. Afortunadamente, no solo no fue así, sino que además, por su amor a la medicina, demostró mucho interés en lo que me pasaba. Por primera vez me había sentido querido y escuchado, dos cosas que hasta entonces eran desconocidas. A todo esto, le siguieron meses y meses de salidas y encuentros, hasta que hace poco retomamos el tema. Nuevamente, demostró interés en lo que me pasaba y quiso ir un poco más allá. No sé como desembocamos en ese tema, pero sí puedo recordar una sonrisa en su cara al decirme "Juan, siempre te voy a querer. No importa el problema en tu brazo, importa quien sos. Más allá de todo lo que te pasa, tenés la habilidad de hacerme feliz, eso SI es importante". Esa frase todavía me sigue haciendo eco en la cabeza. Esa noche llegué a casa casi pegándome el amanecer en la cara. Esa noche una lágrima cayó de mi ojo izquierdo, fue de felicidad. Esa noche me fui a dormir con los rayos del sol pegándome en el hemisferio derecho del cuerpo.

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