25 may. 2014

28 veces observado.

Dedicábamos cuatro horas a estudiar el juego de la observación. Me mirabas, te miraba. Me espiabas, te espiaba. Girabas la cabeza, te copiaba. Hablabas con el de al lado, y yo hacía lo mismo. Así durante 28 días, 28 mañanas, si se quiere. Siempre haciendo lo mismo y sin dedicar un minuto de nuestra vida a conocernos.
Llegó aquel día en el que mi ausencia te asustó, procuraste y juraste que no me haya pasado nada, que todo estuviera bien, viviste tus clases y aquel almuerzo sin mucho entusiasmo, estabas vacía, algo te hacía falta, eras nueva y preferías dejarlo todo en secreto debido a que la vergüenza, en aquel momento, podía más que cualquier otra cosa. A la mañana siguiente, como bien sabías que tocadas las 12:30 me iba corriendo al comedor de la institución, me frenaste como pocas veces habías hecho hasta el momento, preguntándome un tanto seria y con temor: "¿Qué te ha pasado que ayer has estado ausente?" Te respondí que estaba enfermo, más bien que aún lo seguía, me ofreciste ayuda, pero no la acepté, no la necesitaba, todo era más bonito e interesante, si mis sentimientos y los tuyos seguían jugando a las escondidas, como habían hecho hasta aquel momento.
Tu pregunta me hizo eco en los oídos el resto de esa jornada y gran parte de la semana, ya que sabía más que bien, que esa mañana había hecho un esfuerzo enorme por darle un poco de motivación a mi vida, y me presenté delante tuyo casi tan enfermo, como tu amor hacia mi persona, ya que poco y nada me importaba empeorar mi resfrío, todo se trataba de felicidad y esperanza, cuando te proyectabas delante de mis ojos, todo era rutinario, pero a pesar de eso, no sentía aburrimiento, sentía una alegría y tranquilidad pocas veces vivida, algo nuevo estaba naciendo en mi. Pero todo fue cuestión de tiempo, los 28 días pasaron, y con ellos se sumaron 28 recuerdos a mi bitácora imaginativa. Ignoraste con muchas tristeza mi discurso de despedida, te salvó la campana de la tarde, me buscaste, me encontraste, me abrazaste, me agarraste de la mano y me susurraste al oído: "¡Buen viaje! Te quiero mucho, payaso".
En ese momento una parte murió dentro de mi, la timidez se desvaneció, y con ella 28 días del invierno más frío y romántico jamás vivido.

4 comentarios:

  1. ¿Que nos puedo consolar mas que el hecho de que hubo algo?

    No siempre parece suficiente, pero no siempre tiene que serlo.

    Adivino, ¿la chica de la entrada anterior? ¿la que ganaste su amor?

    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estás totalmente en lo correcto. Ella española, y yo argentino. Así de injusta es la vida...
      Un beso y gracias por tu comentario!

      Eliminar
  2. Lo cierto es que no iba a pararme a leer esto porque no es que disponga de mucho tiempo ahora, pero algo me llamó a hacerlo, y me he enamorado de la forma en la que has expresado tu historia.
    Ojalá tu historia siga mucho tiempo más y no perdáis la magia, a pesar de los kilómetros, a pesar de todo.

    http://cajondelosdesastresdepat.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar
  3. Me encanto tu entrada. Hace mucho no pasaba por acá, porque he estado ocupada. Me hace bien volver por acá y llevarme una sonrisa.

    ResponderEliminar